
El susurro de las malditas voces
que habitan en esta cabeza que no
siempre es tan estoica hacen tomar
conciencia de si misma interfiriendo
en la relacion con el todo de este
sistema y de la totalidad de su cuerpo,
la rabia de la espera de ciertas cosas
que siempre uno anhela y que no siempre
pasan, de cosas que interfieren con la
fuerza del temple, desmoronándolo,
haciéndolo dudar, no confiar en los
dones otorgados por las estrellas y
perdiendo la fe en los antiguos espiritus
que siempre han estado protegiendo nuestra
integridad desde tiempos ancestrales.
El odio, el miedo, la desconfianza... son
cosas que hacen una reconverción de ese estado
natural del hombre, despojandome de esa coraza
forjada por el amor y la razon. La fragua del
temple radica en la dualidad de estas dos,
formando la triada con las acciones que ya
uno determinara si son buenas o malas, sabiendo
uno siempre el camino que ha de tomar.
Esa es la voz de los malditos, esos que
sufren las penas y pesares de una humanidad
que no sale mas haya de su condicion dada,
de esos que no tienen ideales ni mas sentido
que el vivir, esos benditos que viven en la
ignorancia y en las vanalidades de esas
carcazas vacias de hombre, benditos por no
ver, escuchar ni entender, bendecidos a ser
siempre alimentados, mimados, sin dolor...
mientras el coro de los malditos grita de dolor
junto a los astros, los antiguos espiritus, y
las bibliotecas que arden en las hogueras de
los tocados por dios.



